Inquieta la interrogante si es posible vivir
indefinidamente a cuenta del crédito, si es viable sustentar el equilibrio
económico, que hoy defendemos en forma irreflexiva, disponiendo como eje
principal la hipoteca. El crédito se asemeja a una espiral, comparable a un
fenómeno con vida propia, con capacidad de sostener su crecimiento de forma
independiente. El crédito se multiplica por
naturaleza, pues es de carácter exponencial, si no revisemos cómo ha
crecido en la isla en los últimos veinte años, a razón de un siete por ciento
anual. Lo absurdo es que se esté enfrentando el crédito público con nuevos
créditos. En otras palabras, se está pagando y amortizando el crédito público y
externo con la apertura de nuevos compromisos crediticios. El flujo financiero
de la economía dominicana que administra el gobierno, tanto en pesos como en
dólares es un setenta y cinco por ciento equivalente en créditos, sólo un magro
veinticinco por ciento corresponde a recursos provenientes de los sectores
productivos nacionales. Es decir, que si nos atenemos a lo que produce la
economía isleña, esa cuarta parte del total de ingresos destinados al mantenimiento
de la población, afirmamos que nuestra situación económica es insostenible.
Ocurre otro fenómeno económico que está pasando desapercibido, me refiero al
empleo improductivo, aquel empleo generalizado que no le agrega valor a la
economía, en cambio fortalece el endeudamiento externo apalancando el crédito
público y externo convertido en la fuente principal de los gastos en
importación destinados al consumo de la población. Cuándo se convierte el
empleo improductivo en productivo, cómo frenamos el lado absurdo del crédito.
La respuesta correcta implica necesariamente un cambio de modelo económico, en
cuyo actor principal sea el productor dominicano, convertido en inversionista
de su propio futuro. De lo que se trata es del fomento de la inversión nacional
cuyos ingresos servirían para
contrarrestar el circuito financiero conformado por el crédito.
"ECONOMÍA & EDUCACIÓN" columna de prensa formativa
Literatura social publicada semanalmente desde Mayo de 2006 para el diario matutino Hoy de República Dominicana.
#384 LA PARABOLA DE LOS TALENTOS
Se está en búsqueda de desarrollar el fideicomiso en la
isla. Es una herramienta financiera sana si está bien enfocada, alentadora ante
la falta de sistemas bancarios progresista, no como el nuestro, una banca que
anima el consumo, que no tiene otro interés rentista, en definitiva una banca
de baja estofa. En esencia la fiducia es un acuerdo de largo plazo cuya
finalidad es la administración del riesgo del destino de los fondos de un
tercero. Bien, se puede buscar escenarios crediticios, mal haríamos si optamos
por el gasto en consumo u otra alternativa improductiva. La disyuntiva equivale
a la capacidad de la gente al aprovechar sus talentos, menguar si se quiere las
necesidades en situación de alerta hoy, y en ruindad en el mañana si no
actuamos correctamente. Porque el futuro promisorio es semejante a un pueblo
que llama a los mejores administradores de la isla y les entrega sus preciados
bienes. A uno le dio cinco talentos, a otro dos, y a otro, uno. A cada uno dio
conforme a su capacidad. Después de algún tiempo el pueblo pide arreglar
cuentas con ellos. Cuando se presentó el que había recibido cinco talentos,
trajo otros cinco; el que recibió dos talentos había ganado dos más. El pueblo
elogió a estos administradores y les retribuyó grandemente. Pero el
administrador que había recibido un talento, fue y lo invirtió en cosas
improductivas, mal utilizando el patrimonio que se le confió. El pueblo fue
drástico quitándole los recursos mal invertidos.
El fideicomiso debe ampararse en un proyecto de ley de
fomento a la inversión nacional, cuyo destino es el incentivo al desarrollo de
las exportaciones, único camino para enfrentar el endeudamiento crónico en que
está sumida la isla por una visión estrecha e inmediatista de los gobiernos de
turno. Tomar muy en cuenta que el fideicomiso es un régimen financiero de largo
plazo, que mejor contrapartida para la inversión de esos fondos en proyectos
industriales con soporte tecnológico en pos del desarrollo de nuestra malhadada
economia.
#383 REDISEÑO DEL TRANSPORTE DE MERCANCIAS
La idea del planteamiento consiste en la dependencia de
uno –el transito humano- respecto al otro, el transporte de mercancías. Poco
hacemos con fomentar la producción sino la comercializamos, trasladándola
oportunamente a los centros de consumo urbano. El transporte de carga
ferroviaria se convierte en un factor de progreso de la economía nacional, no
sólo para la producción rural, la reconversión de la incipiente manufactura
isleña exige vías de acceso en los puntos geográficos más alejados y de difícil
acceso.
El sector agropecuario no es la fuente apropiada de una
política de fomento del empleo, ¿Por qué?
El valor de la producción agrícola está en concordancia con su
productividad, cuyo índice de fuerza laboral es inversamente proporcional a su
grado de progreso, particularmente me refiero a la capacidad de absorción
tecnológica del sector productivo en cuestión. Empero, es idóneo -en primer
lugar- para el suministro de materia prima, y en segundo orden el de bienes de
consumo final.
Dos aspectos caracterizan el valor de la agricultura en
la isla. Se viene hablando hasta la saciedad sobre la producción de alimentos.
Si deseamos avances en el transporte público, nos restaría llevar a cabo la
otra función de política económica al sector primario, me refiero a la
producción de materias primas para la manufactura nacional. Sin embargo, la
productividad agropecuaria está en entredicho con medidas de importación de
alimentos del agro, ocurrencia patética en situación de bajo rendimiento a
partir de un pobre nivel de empleo vigente en el sector primario.
Para que tome sentido el desarrollo del transporte urbano
- sólo contamos con el veinte por ciento de carreteras pavimentadas de un total
de veinte mil kilómetros, el resto lamentablemente es de terracería- la
manufactura debe estar en franco progreso, cuyo síntoma principal es el
creciente volumen de empleo, fuerza laboral que requiere de una política
económica de transporte desde los centros de acopio de materia prima hacia los
parques industriales implantados en las zonas urbanas.
#382 NO HAY PEOR CIEGO QUE EL QUE NO QUIERE VER
Un dólar que ingresa a la isla y no es producido por la
economía es deuda externa, píntela como la pinte, se asiente en los registros
contables de la balanza de pagos, o en el presupuesto de ingresos y gastos que
maneja el gobierno central. La economía es una sola, es la economía isleña, y
la deuda externa es una sola, registre donde se registre. El manejo de la deuda
externa es un asunto estrictamente de producción, donde el asiento y control
financiero de la deuda es de carácter secundario. El problema central de la
economía de nuestro pueblo consiste en la producción para los mercados externos
a partir de un capital nativo, capital que ostenta la impronta del sentimiento patrio,
que le duele esta isla, que se identifica con todo lo que sea dominicano, tanto
lo bueno como lo malo, sin ninguna distinción. Ya está bueno de engañarnos, de
vivir del engañoso sofisma económico, que lo hay, sí, a borbotones. A partir de ahora se ha abierto
una burbuja nueva de endeudamiento externo, esta vez revestido de una sombrilla
fiscalista que profundiza la crisis de endeudamiento externo, tomando
aceleradamente la empinada pendiente del despeñadero financiero. Hoy las futuras
generaciones que aún no han nacido observan silenciosas la inhóspita isla que
les tocará vivir, bajo la acechanza de los impenitentes acreedores
internacionales, en contubernio con los alcabaleros de turno. El uso de un
subterfugio presupuestario cuyo fin apunta al acceso de divisas vía el
endeudamiento externo en forma indiscriminada desdice de una estrategia
económica de producción para el desarrollo de nuestro pueblo. El uso más sano
del endeudamiento externo está vinculado al desarrollo del sector productivo
nacional, o la reconversión de las MyPe y las grandes empresas, ahora
participando en un mercado interno desgastado cuando lo correcto sería
enfilarse en la conquista de los mercados externos. Aquellas, y no estas, son
pastillas para el dolor de cabeza, ninguna se corresponden con lineamientos
serios para la solución de nuestros urgentes problemas económicos.
#380 CAPITALES OPACOS, PATRIMONIO PRODUCTIVO
Aquellos recursos financieros que emigran de la isla
cuyos dueños son dominicanos, los llamados capitales opacos, debemos
despenalizarlos sin vacilación, requieren de una ley de amnistía que observe un
paquete de incentivos, sería el fondo patrimonial de una banca que operaría en
divisas, la llamada banca de promoción de la exportación que no existe en la
isla. Urge la revisión del parámetro ético- social que incide cual harakiri en
nuestro desvencijado pueblo. Sin inversión interna no hay desarrollo económico,
esa es la triste realidad. Sino observemos el sector turístico y el de zonas
francas en manos de la inversión extranjera, cuya renta es de destino
desconocido, ingreso con el cual, de seguro, no estaríamos endeudándonos
periódicamente. La inversión extranjera es voraz, reductora de la esperanza de
los dominicanos, endosando sin compasión salarios de miseria, pues el motivo es
sencillo, no son dolientes de la isla. Hoy en el albor del siglo veintiuno la
inversión interna isleña imputa el revestimiento de la ética inquisidora del
oscuro medioevo del siglo trece. Detengamos esta actitud económica, a todas
luces irracional. El estimado de dos mil
millones de dólares señalado como fuga de capitales dominicanos es risible, presumimos
que es más, podrían llegar sin exagerar a los diez millardos de dólares,
recursos nativos que huyen presurosos de la isla cuando pudieran quedarse con
una ley de amnistía en beneficio de la inversión interna. La industria
dominicana, la poca que existe, está pasando a manos extranjeras, la industria
dominicana se empobrece, la isla se desindustrializa vertiginosamente, y con
ello se profundiza la dependencia en la deuda externa. El hambre no espera,
urge ansioso de respuestas, revertido en delincuencia porque no hay
oportunidades laborales. Cristalizar en inversión interna los llamados
capitales opacos dinamizaría inusitadamente la situación de indigencia en que
se encuentra la economía isleña. La ética económica correcta consiste en perdonar
setenta veces siete, quien perdona se sana. Esta máxima profundamente sabia no
tiene desperdicio.
#379 LA PRODUCCIÓN ESTÁ ARROPADA DE SENTIMIENTOS
Los olvidados pululan por las calles, son los ambulantes,
¿alguien se recuerda de ellos? ¿Quién los representa en sus necesidades, en el
aumento salarial? Ellos también son dominicanos. Conocí a Manuelito Diez, el
chinero de la Charles Summer, esquina Churchill. Lloviendo, o con el inclemente
sol estaba allí, detrás del favor de los choferes, del público que se desplaza
en los conchos y banderitas. De trato diferente, eso no lo da la escuela, lo da
el hogar. Manuelito Diez, un día, enfermó, no se supo más de él.
La inversión social no existe en
la isla; no confundirla con las ayudas y subvenciones. ¿Qué es inversión
social? Consiste en proveerles a los pobres de una herramienta de trabajo para
que subsistan y mejoren, a través de ser útiles, la desaliñada calidad de vida,
despertarles las posibilidades creativas innatas. Que mejor ejemplo que el de
los peloteros, en su mayoría de humilde extracción. Eso lo saben los
americanos, pues realizan una inversión social desarrollando en ellos sus
talentos. Sería Bueno saber si los que detentan la mayor proporción del
patrimonio dominicano advierten este tipo de inversión, como pocas, de mínimo
riesgo.
La economía respira, es un ente
social. La economía respira y se puede ahogar si la aprisionamos, ocasionando
el estado comatoso. Oxigenemos la economía, reorientando el flujo financiero
hacia la energía humana, la gente con ansias de desarrollo, no es la visión
perversa de Maslow y su manoseada jerarquía de necesidades humanas. Lo que
pretendemos es liberar las energías humanas creativas de los dominicanos, de
cuyo desarrollo económico no pretendemos, porque sencillamente no lo
entendemos. El desarrollo económico dominicano se encuentra en el pueblo
desposeído, ahí en la manifestación más cruda del hambre se sientan las
posibilidades creativas del humano, el sentimiento del deseo indetenible por
producir.
#378 UNA ECONOMÍA SOBRE RIELES
Estamos tratando de desmitificar la industria del
transporte, la adopción de una nueva política económica en el sector de
transporte de mercancías, innovadora no aquella que está vigente, politizada y
dañina, tendente a desaparecer por disfuncional. El tren –transporte de carga
ferroviaria- a eso es a lo que me refiero, una vía ferroviaria simple, sin el
tapujo inserto en el Metro dominicano, ni la rimbombancia de túneles y elevados
citadinos, una red vial que enlace los cuatro puntos cardinales de la isla,
resuelve el monopolio del transporte de carga, y reduce sustancialmente la
intermediación, los valores agregados al precio por efecto del combustible,
tanto en el uso como su distribución para el consumo a lo largo y ancho de la
isla. Se trata, esta es la estrategia, de movilizar tanques y contenes en vez
de furgones, ¿los rieles, el costo? La licitación a manera de inversión local
nutriría insospechadamente la economía dominicana, similar a otras inversiones
nativas pendientes, me refiero a la industria energética, fuente actual de
oscurantismo, de intereses creados espurios, pero a la vez de inmensas
posibilidades de inversión nacional en divisas, sería una necedad el no
hacerlo.
De lo que se trata, consiste en una vía primaria de
transporte ferroviario que alimentaría vías secundarias de corto alcance
sujetas a planificación en relación a la logística operacional, englobado en un
sólo sistema de distribución de mercancías de todo tipo y tonelaje. De
inmediato, nos introduciríamos a una República dominicana del doble de la
población actual, y por ende de mayor capacidad – me refiero al empleo- de
producción. El impacto económico es de tal naturaleza que podríamos potenciar
más de dos polos productivos con suficiencia económica en manufactura y
comercio, tan o más fuertes que Santo Domingo y Santiago de los caballeros.
Entonces, ¿qué pretendemos, un tigre caribeño –en alusión a la singular metáfora
de los tigres asiáticos- o un Nueva York chiquito? Dos sueños distintos, el de
la industrialización dominicana por un
lado, o el consumismo, el cáncer económico originado por la destructora deuda
externa.
#377 POR QUÉ AUMENTA LA DEUDA EXTERNA
Esto lo deberían
explicar las universidades, la entidad reflexiva de la isla. Porque es ahí y no
en otro lugar en donde se estudia, analiza e investiga la problemática de los
pueblos en todas sus vertientes, pues, no es óbice la economía. Disponemos en
la economía de contabilidad, tan igual como la de las empresas que producen y
comercializan, ese es el orden correcto de expresarlo, cosa que deberían
hacerlo como una prioridad existencial, sobre todo la que corresponde a la
praxis productiva. El resumen financiero en cuestión se denomina balanza de
pagos. A través de este tecnicismo podemos explicarnos por qué hay un endeudamiento
recurrente o periódico, y sostenido en la isla. Por cierto, el ámbito político
especula y, por ende, lo distorsiona por intereses particulares. De ahí el
porqué del rol académico y no político, cuyas luchas grupales provocan en suma
tales confusiones. El saldo de la balanza de pagos debe estar en cero. Para que
ocurra debe cubrirse el faltante o déficit, volumen de recursos económicos que
no producimos. Ese faltante opera en la isla con una convertibilidad de
cuarenta o más pesos por dólar. Añado que esa convertibilidad se está moviendo
hacia el alza, producto de la inflación, derivando en la depreciación de la
moneda local. El faltante financiero en referencia se mantiene por la ausencia
notoria de producción, y por ende del volumen de importación que se destina al
consumo de los isleños. A falta de ingresos por la ausencia de exportación
porque no producimos, se recurre a la deuda externa periódica, cosa que se
sintetiza en un algoritmo perverso, un sin-sentido económico identificado como
dependencia económica. Otros argumentos, que abundan, refleja estado de
confusión del papel que juega la deuda externa en el delineamiento del modo de
subsistencia predominante.
#376 LA MADRE DE LAS BATALLAS
Los tres actos históricos dominicanos erigidos con la impronta
de la independencia, la de Núñez de Cáceres, Duarte y Luperón, nos garantizaron
en su momento la entidad propia como pueblo, con diferencias incontrovertibles del
resto mundo. Nos falta por librar la cuarta independencia, la madre de las
batallas, aquella esclavitud identificada en el mundo como dependencia
económica. Subsistimos hoy porque hemos elegido el modelo económico basado en
el sofisma de la deuda externa, un flujo financiero que nos garantiza el
equilibrio económico con saldo cero en nuestra balanza de pagos, divisas que
retornan a su punto de origen a través de las importaciones. Un pueblo
importador neto forma parte del neocolonialismo de nuestra época, que ya no es
de carácter territorial, no, ahora es de naturaleza financiera sustentada por
la esclavitud del consumo. Platón, el filósofo por antonomasia de la historia
universal, hace ya de esto dos mil trescientos años, fijó en las poblaciones
sojuzgadas la esclavitud de los sentidos, convertidas en títeres de la
amoralidad comercial, argumento que en el siglo dieciocho lo retoma el escoces
Adam Smith para configurar el sustento teórico de la burguesía de la época, el
archi-difundido liberalismo económico, el de Laissez faire, dejar hacer-dejar
pasar, innovadora modalidad económica que consiste en el quehacer económico en
función de los gustos, de los deseos de la gente que derivó en la creación
perversa del fenómeno de la comunicación conocido con el calificativo de
Mercado. Para la economía no existen naciones pobres sino dependientes, pues
huelga decir que los pueblos pobres consumen como lo hacen las naciones desarrolladas,
representan agregados humanos dispuestos a hacer lo que sea para subsistir. En esa situación de
incapacidad productiva sirven de caldo de cultivo para los capitales
financieros de altos intereses y corto plazo.
Únicamente los modelos económicos basados en la actividad productiva pueden
independizarnos de la esclavitud económica. Actuar de otra manera es hacerle el
juego al marasmo del atraso.
#375 LAS DIVISAS-PATRIA
Las divisas provenientes de los diversos tratados de
libre comercio, esto es, los dólares del TLC, requieren de un tecnicismo
económico para su comprensión. No se trata de un ingreso sino de una
disponibilidad para el Estado. Mientras tanto, en ausencia de la exportación de
los TLC no disponemos de más dólares en la economía. Es válido afirmar que se
siente un vacío de esas “Divisas-Patria”, o dicho en forma abreviada, la moneda
DP.
Aboguemos y promovamos la demanda de los fondos DP, la llamada
“Divisas-Patria”. ¿En qué consisten? Es la moneda del TLC, la que producirían
los empresarios nativos. De forma similar a lo que ocurre con las remesas de
los dominicanos en el exterior, la moneda DP engloba los ingresos que
decididamente “accesan” al país, el approach sustentado en el
sentimiento patriótico del empresario dominicano, la apología propugnada en la
añoranza, donde se redimensiona permanentemente la nacionalidad de toda
república. En consecuencia todos debemos abocarnos al apoyo de la producción de
las “Divisas-Patria”, en una cruzada por la estabilidad de la economía
dominicana y por la tranquilidad de las futuras generaciones.
La moneda DP es la divisa más barata, pues ingresan al
país con el único condicionamiento de redimir a los pobres de la República
Dominicana. En contraste, las divisas provenientes de la inversión extranjera
resultan más caras debido al elevado condicionamiento sintetizado en el snob de
la productividad, la cruda explotación cuando se desvela el forro que la encubre.
No quisiéramos referirnos ni por asomo a los créditos
internacionales cuando encomiamos las “Divisas-Patria”, cuya sombra deleznable,
el FMI, representa injerencia en la
economía.
Un ambiente de mayor disponibilidad de divisas en el
entorno económico del país reduciría ostensiblemente la expectativa de
endeudamiento, mermaría drásticamente el costo de la vida, y por ende nuestra
moneda se apreciaría notablemente.
#374 UN TIGRE CARIBEÑO, O UN NEW YORK CHIQUITO
Estamos tratando de desmitificar la industria del
transporte, no aquella que está vigente, politizada y dañina, tendente a
desaparecer por disfuncional. El tren –transporte de carga ferroviaria- a eso
es a lo que me refiero, una vía ferroviaria simple, sin el tapujo inserto en el
Metro dominicano, ni la rimbombancia de túneles y elevados citadinos, una red
vial que enlace los cuatro puntos cardinales de la isla, resuelve el monopolio
del transporte de carga, y reduce sustancialmente la intermediación, los valores
agregados al precio por efecto del combustible, tanto en el uso como su
distribución para el consumo a lo largo y ancho de la isla. Se trata, esta es
la estrategia, de movilizar tanques y contenes en vez de furgones, ¿los rieles,
el costo? La licitación a manera de inversión local nutriría insospechadamente
la economía dominicana, similar a otras inversiones nativas pendientes, me
refiero a la industria energética, fuente actual de oscurantismo, de intereses
creados espurios, pero a la vez de inmensas posibilidades de inversión nacional
en divisas, sería una necedad el no hacerlo.
De lo que se trata, consiste en una vía primaria de
transporte ferroviario que alimentaría vías secundarias de corto alcance
sujetas a planificación en relación a la logística operacional, englobado en un
sólo sistema de distribución de mercancías de todo tipo y tonelaje. De
inmediato, nos introduciríamos a una República dominicana del doble de la
población actual, y por ende de mayor capacidad – me refiero al empleo- de
producción. El impacto económico es de tal naturaleza que podríamos potenciar
más de dos polos productivos con suficiencia económica en manufactura y
comercio, tan o más fuertes que Santo Domingo y Santiago de los caballeros.
Entonces, ¿qué pretendemos, un tigre caribeño –en alusión a la singular metáfora
de los tigres asiáticos- o un Nueva York chiquito? Dos sueños distintos, el de
la industrialización dominicana por un
lado, o el consumismo, el cáncer económico originado por la destructora deuda
externa.
#373 EL PARAÍSO DEL CONSUMO
La reciente taxonomía, ciencia que jerarquiza los
conocimientos, sobre los conglomerados humanos apunta a que los pueblos
dependientes de la deuda externa caracterizados por el consumismo improductivo,
se encuentran en el más bajo nivel de evolución social. No es un pueblo
moderno, digamos avanzado, el que cuenta con tecnología de comunicación de
punta. Eso, lo que nos dice es que tipificamos un mercado consumista, estéril.
En buena lógica, el valor de estos
pueblos, por más pequeños que sean, es inestimable para las naciones
industrializadas. Una cosa es consumir y otra producir. Las prioridades definen
la evolución social. El agregado humano que produce, aquel pueblo orientado al
desarrollo de la creatividad humana, no mide sus decisiones económicas a través
del gusto y los deseos. Si se fijan en el entorno económico, la fruición es el
parámetro que ha construido nuestra sociedad, la nefasta y perversa economía de
Adam Smith, sintetizada en el imperio de los sentidos, el laissez faire expresada
en la esclavitud de nuestra voluntad, movida como títere al vaivén de la
insatisfacción permanente, inequidad expresada en la jerarquía de valores de
Maslow. Este tipo de cultura económica no se inclina por la generación de
ingresos que no sea el salario, la escala de ingreso del dependiente, en suma
del pobre de espíritu. Con el cerebro lleno de valores traducidos en ropas de
marca, casas suntuosas, yipetas, dinero a borbotones en los bolsillos, la
ilusión permanente en los juegos de azar, indefectiblemente con la frustración a
cuestas, la idiosincrasia brutal por lo que representa, el atraso social, de
que el que trabaja es el pendejo, el tonto. Mientras nuestro esquema
socioeconómico sea el actual, dependientes de la deuda externa como inequívoco
algoritmo financiero, victimas impenitentes del consumismo, la isla se
empobrecerá cada día más, seguiremos agitados por la nueva posición haitiana, la de la sustitución de importaciones, que
lejos de perjudicarnos, nos beneficia económicamente.
#372 HAITI SE ESTÁ TRANSFORMANDO
Beneficioso o no, resulta que Haití bruscamente ha
cambiado de actitud respecto a las relaciones comerciales que lo vincula directamente
con la Republica Dominicana. No podemos afirmar si a corto plazo la balanza
comercial ira variar sustancialmente,
empero la tendencia ha tomado otro rumbo. El resultado es aleccionador, la
búsqueda sistemática de nuevos mercados es la salida oportuna, no hay duda,
mercados hay a borbotones, sólo la necesidad de unos cuantos empresarios puede
obnubilar este aserto.
Lo cierto es que algo está ocurriendo en Haití. De ser
una economía despreciada por las estadísticas, considerado el pueblo más pobre
del planeta, de pronto toma preeminencia, y con sorprendente desparpajo rechaza,
sin ton ni son, las mercancías dominicanas. La hipótesis que sostenemos
consiste en que ningún mercado por más pequeño que sea tipifica como marginal.
Craso error, hoy en día presenciamos el lagrimeo irrefrenable de aquellos
empresarios que conciben la relación comercial como un fenómeno inelástico,
cuando es todo lo contrario. Hoy en día Haití es un centro económico de
inversión extranjera, todo luce indicar que podría estar en un proceso de
sustitución de importaciones, similar al modelo económico del gobierno de
Balaguer de los setenta. No obstante, este modelo es un arma de doble filo, o
se produce y no se importa, autarquía irreal, o se produce y se exportan
divisas, cosa que está ocurriendo en Dominicana con la inversión extranjera y
las empresas de zona franca. Esto último es un escenario económico incomprendido
por las políticas económicas locales, particularmente por los políticos que
están hace algún tiempo en el gobierno, quienes muestran el mareo del vaho de
los ingresos en divisas por concepto de impuestos a la reconversión, otrora
inversiones nacionales. No se dan cuenta que lo que recibieron en divisas se
convertirá en repatriación de beneficios, pesos convertidos en dólares que se
extraen de la economía dominicana. Aún se recuerda la opulencia de Haití del
siglo dieciocho, periodo en que Santo Domingo se sumía en la pobreza. La tesis
harto difundida de que Haití no existe como nación está hecha añicos.
#371 A FALTA DE MERCADO
Conocemos bien lo que está ocurriendo con los huevos que se producen en la isla. Pues, resulta que
con la pérdida del mercado haitiano, lo lógico fuera que se desplomara su
precio, pero no ha sido así. Qué ha ocurrido entonces. Existe la sobreproducción de huevos, de eso no hay duda,
éstos se consumen o se dañan, es corto el plazo de la alternativa en cuestión,
sólo catorce días, después de dicho plazo nadie aguanta la hediondez del almacén
de la granja en donde se ubica su inventario. Por otro lado el mercado de
consumo dominicano no puede absorber la referida sobreproducción, está fuera de
sus posibilidades de gastos. Sin embargo, ante el referido sobre-inventario, la
gente no se explica el por qué del aumento del precio, cuando se esperaba todo
lo contrario. Pues, el exceso en el precio sólo encuentra su justificación en
el financiamiento de las pérdidas por parte de la población, un crédito sin
retorno, lo que Marx identificó como la acumulación originaria, el pueblo sin
saber por qué, prohíja las
pérdidas del empresario pecuario, riesgo que éste sin ninguna duda tendría que asumir.
Debo decirles que tampoco existe en la isla la industria derivada por que no
hay actividad exportadora, la opción viable sería la deshidratación ante la
coyuntura del exceso de producción que contrarrestaría el ciclo corto de
consumo, sin sacrificio al magro, enjuto y flaco ingreso del pueblo isleño.
Pero, no hay mentalidad ni actitud al comercio internacional, habiendo mercados
inmensos para los derivados del huevo. Bueno, los hueveros, ni tontos ni
perezosos, optaron por el financiamiento de sus pérdidas. No fue suficiente el
aporte del gobierno en numerario, dación injustificable pues los dineros del
fisco, que son del pueblo, no deben ser objeto de comercio, sino
primordialmente de inversión social, que no la hay, por eso nuestra pobreza estructural
a pesar de la cantaleta recurrente del crecimiento del PIB por parte del banco
central. Los hueveros, a falta de mercado, le cargaron las pérdidas al pueblo
isleño con el aumento del precio. El gobierno debe intervenir a favor de
quienes lo sostienen, la ciudadanía, que no tiene por qué financiar pérdidas por
la falta de visión y de orientación comercial.
#370 UNA OREJITA AL GOBERNADOR
Señor gobernador, grano a grano se llena el buche. La protuberancia
inesperada en la prima del dólar ya lo expresaba el Gabo en una de sus celebres
obras, La crónica de una muerte anunciada. Pues bien, observamos consternados
la reacción de nuestra economía a los cambios bruscos en el orden financiero,
me refiero a la sobrevaloración del dólar, la moneda más comercial pero menos
apreciada que el peso. Pero cuáles motivos provocaron esta alteración
inesperada de la convertibilidad de nuestra moneda, se cuestionaba inquieto el
gobernador. Debo decirle que el origen de tal espasmo tiene su explicación en
el mayor número de usuarios de divisas de la isla, un proceso perverso de inducción
que viene de tiempo atrás, justificado en este pueblo, la isla, que no genera
divisas porque no cuenta con industria de exportación. Tome en cuenta
gobernador el engrosamiento sistemático de la inversión extranjera, presencia
que comercializa en pesos, pues tiene en el pueblo isleño un nicho de mercado,
que es distinto a lo que es un segmento de mercado, cuyos beneficios generados
en moneda local, convierten sin ningún pudor, dólares que toman un avión y
se instalan en otras economías. Otra, la cuota de producción de las empresas de
zona franca que se comercializa en pesos en el mercado de consumo local. Le
recuerdo que el flujo financiero de las empresas de puerto libre lo componen
las divisas. Los pesos no participan como moneda corriente. Pero, entonces qué
ocurre con los pesos fruto de la venta de su cuota de producción en el mercado
isleño, pues lo convierten en dólares, succionando las pocas divisas que
circulan en nuestra economía, acción que se reduce a una simple exportación. La
diferencia del caso de la inversión extranjera con esta modalidad tipificada como un negocio de capa perro,
consiste en el origen de la transacción, pues aquella es de beneficios, y ésta
es de ingresos por ventas, lo que desproporciona enormemente las divisas
repatriadas.
#369 EL PAÍS QUE HEMOS CONSTRUIDO
Me pregunto si es viable otro tipo de economía en nuestra
isla. Debo decir que si aspiramos a cambios en nuestro modo de subsistencia, primero
debe cambiar la gente, ésta que hace de la economía una entidad viva, no sólo el
ciudadano común sino los empresarios, políticos y religiosos, una reforma
humana, eso es, tanto en la manera de pensar como de actuar. Si no veamos, echemos
un vistazo a nuestro entorno. El malestar generalizado es evidente. Lo que
brota de inmediato al escuchar son afirmaciones de cosas tan lejos de lo que es
la práctica común. El distanciamiento entre lo que se dice y lo que se hace
está diseminado por la isla. La incoherencia es descomunal, marca el compás de
una economía difusa, imprecisa, borrosa, poco clara. Así, las expectativas que
alguna vez fueron halagüeñas de pronto se tornan en frustraciones. Pero eso no
es todo, pues existe lo otro, la preeminencia de los intereses particulares,
que abundan sí, revestidos de interés común, un tigueraje de saco y corbata que
mina ostensiblemente la convivencia isleña reduciéndola en arisca y en nada
amigable. En cuanto a los ingresos, la pretensión generalizada a ser asalariados
dura poco, lo suficiente para que se manifieste la mezquindad del empresario,
cuya cultura de inversión es prácticamente inexistente, asignando salarios de
miseria a cuanto empleado pase por sus manos. Existe la creencia difundida que
es un logro el menosprecio a la energía humana no renovable. La pregunta
persiste, si bajo estas condiciones es viable otro tipo de economía en la isla.
Concluyo, si las condiciones fuesen otras, no me cabe la menor duda. El cambio
a otra economía depende en gran medida de su gente, sin distinción de razas,
credos, preferencias políticas, clases sociales, edades, en fin, la compleja diversidad
que compone la República Dominicana.
#368 EL CAPITALISMO DE LEONEL
Ningún país industrializado que no se favorezca del comercio
suspende las ayudas, colaboración o asistencia a un país importador, que bien podría
llamarse cliente, todo lo contrario, las refuerza si persiste el interés comercial.
El resto, las coyunturas de negocios, es cuestión de competencia. Actuar con la
emotividad nacionalista es un chauvinismo mal orientado, idiosincrasia malsana
de quienes no comprenden las fuerzas del mercado que mueven el capitalismo. ¿Mala
palabra? Sin ninguna duda expreso que es la doctrina económica que rige el
planeta, nos guste o no. En caso contrario sería nadar contra la corriente,
cuando la prudencia apunta, si podemos, al provecho de las diversas coyunturas económicas,
en beneficio de la subsistencia que nos ha tocado vivir. Cuando observamos la contribución
a la educación superior a través de la donación de una universidad, o las
ayudas en medicina, seguido de la inversión en construcción de viviendas para
las clases desposeídas, o la exportación de empleo, traducida en presencia permanente de la diáspora haitiana en
el lado nuestro de la isla, es de sentido común afirmar que exista un mar de
confusiones en la ciudadanía haitiana. Pienso, no sin preocupación, que se
conciba la veda haitiana como una situación definitiva, el comercio no funciona
así. Esperemos que desarrollen su oferta interna agropecuaria. Como productos
perecederos la regularidad de la producción está sujeta a la eventualidad. Cuando
la oportunidad aparezca se restablecerá
el comercio nuevamente. Dejemos que funcione el capitalismo de Leonel, no nos
desesperemos adoptando medidas innecesarias de corte paternalista, me refiero a
la compensación sin visos de retorno, a polleros y hueveros por riesgos propios
del comercio. Por Dios, hasta dónde se va estiricar el peso fiscal de nuestro
pueblo.
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