#385 EL LADO ABSURDO DEL CRÉDITO

Inquieta la interrogante si es posible vivir indefinidamente a cuenta del crédito, si es viable sustentar el equilibrio económico, que hoy defendemos en forma irreflexiva, disponiendo como eje principal la hipoteca. El crédito se asemeja a una espiral, comparable a un fenómeno con vida propia, con capacidad de sostener su crecimiento de forma independiente. El crédito se multiplica por  naturaleza, pues es de carácter exponencial, si no revisemos cómo ha crecido en la isla en los últimos veinte años, a razón de un siete por ciento anual. Lo absurdo es que se esté enfrentando el crédito público con nuevos créditos. En otras palabras, se está pagando y amortizando el crédito público y externo con la apertura de nuevos compromisos crediticios. El flujo financiero de la economía dominicana que administra el gobierno, tanto en pesos como en dólares es un setenta y cinco por ciento equivalente en créditos, sólo un magro veinticinco por ciento corresponde a recursos provenientes de los sectores productivos nacionales. Es decir, que si nos atenemos a lo que produce la economía isleña, esa cuarta parte del total de ingresos destinados al mantenimiento de la población, afirmamos que nuestra situación económica es insostenible. Ocurre otro fenómeno económico que está pasando desapercibido, me refiero al empleo improductivo, aquel empleo generalizado que no le agrega valor a la economía, en cambio fortalece el endeudamiento externo apalancando el crédito público y externo convertido en la fuente principal de los gastos en importación destinados al consumo de la población. Cuándo se convierte el empleo improductivo en productivo, cómo frenamos el lado absurdo del crédito. La respuesta correcta implica necesariamente un cambio de modelo económico, en cuyo actor principal sea el productor dominicano, convertido en inversionista de su propio futuro. De lo que se trata es del fomento de la inversión nacional cuyos ingresos servirían  para contrarrestar el circuito financiero conformado por el crédito.  

#384 LA PARABOLA DE LOS TALENTOS

Se está en búsqueda de desarrollar el fideicomiso en la isla. Es una herramienta financiera sana si está bien enfocada, alentadora ante la falta de sistemas bancarios progresista, no como el nuestro, una banca que anima el consumo, que no tiene otro interés rentista, en definitiva una banca de baja estofa. En esencia la fiducia es un acuerdo de largo plazo cuya finalidad es la administración del riesgo del destino de los fondos de un tercero. Bien, se puede buscar escenarios crediticios, mal haríamos si optamos por el gasto en consumo u otra alternativa improductiva. La disyuntiva equivale a la capacidad de la gente al aprovechar sus talentos, menguar si se quiere las necesidades en situación de alerta hoy, y en ruindad en el mañana si no actuamos correctamente. Porque el futuro promisorio es semejante a un pueblo que llama a los mejores administradores de la isla y les entrega sus preciados bienes. A uno le dio cinco talentos, a otro dos, y a otro, uno. A cada uno dio conforme a su capacidad. Después de algún tiempo el pueblo pide arreglar cuentas con ellos. Cuando se presentó el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco; el que recibió dos talentos había ganado dos más. El pueblo elogió a estos administradores y les retribuyó grandemente. Pero el administrador que había recibido un talento, fue y lo invirtió en cosas improductivas, mal utilizando el patrimonio que se le confió. El pueblo fue drástico quitándole los recursos mal invertidos.

El fideicomiso debe ampararse en un proyecto de ley de fomento a la inversión nacional, cuyo destino es el incentivo al desarrollo de las exportaciones, único camino para enfrentar el endeudamiento crónico en que está sumida la isla por una visión estrecha e inmediatista de los gobiernos de turno. Tomar muy en cuenta que el fideicomiso es un régimen financiero de largo plazo, que mejor contrapartida para la inversión de esos fondos en proyectos industriales con soporte tecnológico en pos del desarrollo de nuestra malhadada economia. 

#383 REDISEÑO DEL TRANSPORTE DE MERCANCIAS

La idea del planteamiento consiste en la dependencia de uno –el transito humano- respecto al otro, el transporte de mercancías. Poco hacemos con fomentar la producción sino la comercializamos, trasladándola oportunamente a los centros de consumo urbano. El transporte de carga ferroviaria se convierte en un factor de progreso de la economía nacional, no sólo para la producción rural, la reconversión de la incipiente manufactura isleña exige vías de acceso en los puntos geográficos más alejados y de difícil acceso.
El sector agropecuario no es la fuente apropiada de una política de fomento del empleo, ¿Por qué?  El valor de la producción agrícola está en concordancia con su productividad, cuyo índice de fuerza laboral es inversamente proporcional a su grado de progreso, particularmente me refiero a la capacidad de absorción tecnológica del sector productivo en cuestión. Empero, es idóneo -en primer lugar- para el suministro de materia prima, y en segundo orden el de bienes de consumo final.
Dos aspectos caracterizan el valor de la agricultura en la isla. Se viene hablando hasta la saciedad sobre la producción de alimentos. Si deseamos avances en el transporte público, nos restaría llevar a cabo la otra función de política económica al sector primario, me refiero a la producción de materias primas para la manufactura nacional. Sin embargo, la productividad agropecuaria está en entredicho con medidas de importación de alimentos del agro, ocurrencia patética en situación de bajo rendimiento a partir de un pobre nivel de empleo vigente en el sector primario.

Para que tome sentido el desarrollo del transporte urbano - sólo contamos con el veinte por ciento de carreteras pavimentadas de un total de veinte mil kilómetros, el resto lamentablemente es de terracería- la manufactura debe estar en franco progreso, cuyo síntoma principal es el creciente volumen de empleo, fuerza laboral que requiere de una política económica de transporte desde los centros de acopio de materia prima hacia los parques industriales implantados en las zonas urbanas. 

#382 NO HAY PEOR CIEGO QUE EL QUE NO QUIERE VER

Un dólar que ingresa a la isla y no es producido por la economía es deuda externa, píntela como la pinte, se asiente en los registros contables de la balanza de pagos, o en el presupuesto de ingresos y gastos que maneja el gobierno central. La economía es una sola, es la economía isleña, y la deuda externa es una sola, registre donde se registre. El manejo de la deuda externa es un asunto estrictamente de producción, donde el asiento y control financiero de la deuda es de carácter secundario. El problema central de la economía de nuestro pueblo consiste en la producción para los mercados externos a partir de un capital nativo, capital que ostenta la impronta del sentimiento patrio, que le duele esta isla, que se identifica con todo lo que sea dominicano, tanto lo bueno como lo malo, sin ninguna distinción. Ya está bueno de engañarnos, de vivir del engañoso sofisma económico, que lo hay, sí,  a borbotones. A partir de ahora se ha abierto una burbuja nueva de endeudamiento externo, esta vez revestido de una sombrilla fiscalista que profundiza la crisis de endeudamiento externo, tomando aceleradamente la empinada pendiente del despeñadero financiero. Hoy las futuras generaciones que aún no han nacido observan silenciosas la inhóspita isla que les tocará vivir, bajo la acechanza de los impenitentes acreedores internacionales, en contubernio con los alcabaleros de turno. El uso de un subterfugio presupuestario cuyo fin apunta al acceso de divisas vía el endeudamiento externo en forma indiscriminada desdice de una estrategia económica de producción para el desarrollo de nuestro pueblo. El uso más sano del endeudamiento externo está vinculado al desarrollo del sector productivo nacional, o la reconversión de las MyPe y las grandes empresas, ahora participando en un mercado interno desgastado cuando lo correcto sería enfilarse en la conquista de los mercados externos. Aquellas, y no estas, son pastillas para el dolor de cabeza, ninguna se corresponden con lineamientos serios para la solución de nuestros urgentes problemas económicos. 

#380 CAPITALES OPACOS, PATRIMONIO PRODUCTIVO

Aquellos recursos financieros que emigran de la isla cuyos dueños son dominicanos, los llamados capitales opacos, debemos despenalizarlos sin vacilación, requieren de una ley de amnistía que observe un paquete de incentivos, sería el fondo patrimonial de una banca que operaría en divisas, la llamada banca de promoción de la exportación que no existe en la isla. Urge la revisión del parámetro ético- social que incide cual harakiri en nuestro desvencijado pueblo. Sin inversión interna no hay desarrollo económico, esa es la triste realidad. Sino observemos el sector turístico y el de zonas francas en manos de la inversión extranjera, cuya renta es de destino desconocido, ingreso con el cual, de seguro, no estaríamos endeudándonos periódicamente. La inversión extranjera es voraz, reductora de la esperanza de los dominicanos, endosando sin compasión salarios de miseria, pues el motivo es sencillo, no son dolientes de la isla. Hoy en el albor del siglo veintiuno la inversión interna isleña imputa el revestimiento de la ética inquisidora del oscuro medioevo del siglo trece. Detengamos esta actitud económica, a todas luces irracional.  El estimado de dos mil millones de dólares señalado como fuga de capitales dominicanos es risible, presumimos que es más, podrían llegar sin exagerar a los diez millardos de dólares, recursos nativos que huyen presurosos de la isla cuando pudieran quedarse con una ley de amnistía en beneficio de la inversión interna. La industria dominicana, la poca que existe, está pasando a manos extranjeras, la industria dominicana se empobrece, la isla se desindustrializa vertiginosamente, y con ello se profundiza la dependencia en la deuda externa. El hambre no espera, urge ansioso de respuestas, revertido en delincuencia porque no hay oportunidades laborales. Cristalizar en inversión interna los llamados capitales opacos dinamizaría inusitadamente la situación de indigencia en que se encuentra la economía isleña. La ética económica correcta consiste en perdonar setenta veces siete, quien perdona se sana. Esta máxima profundamente sabia no tiene desperdicio.

#379 LA PRODUCCIÓN ESTÁ ARROPADA DE SENTIMIENTOS

Los olvidados pululan por las calles, son los ambulantes, ¿alguien se recuerda de ellos? ¿Quién los representa en sus necesidades, en el aumento salarial? Ellos también son dominicanos. Conocí a Manuelito Diez, el chinero de la Charles Summer, esquina Churchill. Lloviendo, o con el inclemente sol estaba allí, detrás del favor de los choferes, del público que se desplaza en los conchos y banderitas. De trato diferente, eso no lo da la escuela, lo da el hogar. Manuelito Diez, un día, enfermó, no se supo más de él.
La inversión social no existe en la isla; no confundirla con las ayudas y subvenciones. ¿Qué es inversión social? Consiste en proveerles a los pobres de una herramienta de trabajo para que subsistan y mejoren, a través de ser útiles, la desaliñada calidad de vida, despertarles las posibilidades creativas innatas. Que mejor ejemplo que el de los peloteros, en su mayoría de humilde extracción. Eso lo saben los americanos, pues realizan una inversión social desarrollando en ellos sus talentos. Sería Bueno saber si los que detentan la mayor proporción del patrimonio dominicano advierten este tipo de inversión, como pocas, de mínimo riesgo.  

La economía respira, es un ente social. La economía respira y se puede ahogar si la aprisionamos, ocasionando el estado comatoso. Oxigenemos la economía, reorientando el flujo financiero hacia la energía humana, la gente con ansias de desarrollo, no es la visión perversa de Maslow y su manoseada jerarquía de necesidades humanas. Lo que pretendemos es liberar las energías humanas creativas de los dominicanos, de cuyo desarrollo económico no pretendemos, porque sencillamente no lo entendemos. El desarrollo económico dominicano se encuentra en el pueblo desposeído, ahí en la manifestación más cruda del hambre se sientan las posibilidades creativas del humano, el sentimiento del deseo indetenible por producir.

#378 UNA ECONOMÍA SOBRE RIELES

Estamos tratando de desmitificar la industria del transporte, la adopción de una nueva política económica en el sector de transporte de mercancías, innovadora no aquella que está vigente, politizada y dañina, tendente a desaparecer por disfuncional. El tren –transporte de carga ferroviaria- a eso es a lo que me refiero, una vía ferroviaria simple, sin el tapujo inserto en el Metro dominicano, ni la rimbombancia de túneles y elevados citadinos, una red vial que enlace los cuatro puntos cardinales de la isla, resuelve el monopolio del transporte de carga, y reduce sustancialmente la intermediación, los valores agregados al precio por efecto del combustible, tanto en el uso como su distribución para el consumo a lo largo y ancho de la isla. Se trata, esta es la estrategia, de movilizar tanques y contenes en vez de furgones, ¿los rieles, el costo? La licitación a manera de inversión local nutriría insospechadamente la economía dominicana, similar a otras inversiones nativas pendientes, me refiero a la industria energética, fuente actual de oscurantismo, de intereses creados espurios, pero a la vez de inmensas posibilidades de inversión nacional en divisas, sería una necedad el no hacerlo.

De lo que se trata, consiste en una vía primaria de transporte ferroviario que alimentaría vías secundarias de corto alcance sujetas a planificación en relación a la logística operacional, englobado en un sólo sistema de distribución de mercancías de todo tipo y tonelaje. De inmediato, nos introduciríamos a una República dominicana del doble de la población actual, y por ende de mayor capacidad – me refiero al empleo- de producción. El impacto económico es de tal naturaleza que podríamos potenciar más de dos polos productivos con suficiencia económica en manufactura y comercio, tan o más fuertes que Santo Domingo y Santiago de los caballeros. Entonces, ¿qué pretendemos, un tigre caribeño –en alusión a la singular metáfora de los tigres asiáticos- o un Nueva York chiquito? Dos sueños distintos, el de la industrialización  dominicana por un lado, o el consumismo, el cáncer económico originado por la destructora deuda externa.

#377 POR QUÉ AUMENTA LA DEUDA EXTERNA

Esto lo deberían explicar las universidades, la entidad reflexiva de la isla. Porque es ahí y no en otro lugar en donde se estudia, analiza e investiga la problemática de los pueblos en todas sus vertientes, pues, no es óbice la economía. Disponemos en la economía de contabilidad, tan igual como la de las empresas que producen y comercializan, ese es el orden correcto de expresarlo, cosa que deberían hacerlo como una prioridad existencial, sobre todo la que corresponde a la praxis productiva. El resumen financiero en cuestión se denomina balanza de pagos. A través de este tecnicismo podemos explicarnos por qué hay un endeudamiento recurrente o periódico, y sostenido en la isla. Por cierto, el ámbito político especula y, por ende, lo distorsiona por intereses particulares. De ahí el porqué del rol académico y no político, cuyas luchas grupales provocan en suma tales confusiones. El saldo de la balanza de pagos debe estar en cero. Para que ocurra debe cubrirse el faltante o déficit, volumen de recursos económicos que no producimos. Ese faltante opera en la isla con una convertibilidad de cuarenta o más pesos por dólar. Añado que esa convertibilidad se está moviendo hacia el alza, producto de la inflación, derivando en la depreciación de la moneda local. El faltante financiero en referencia se mantiene por la ausencia notoria de producción, y por ende del volumen de importación que se destina al consumo de los isleños. A falta de ingresos por la ausencia de exportación porque no producimos, se recurre a la deuda externa periódica, cosa que se sintetiza en un algoritmo perverso, un sin-sentido económico identificado como dependencia económica. Otros argumentos, que abundan, refleja estado de confusión del papel que juega la deuda externa en el delineamiento del modo de subsistencia predominante.  

#376 LA MADRE DE LAS BATALLAS

Los tres actos históricos dominicanos erigidos con la impronta de la independencia, la de Núñez de Cáceres, Duarte y Luperón, nos garantizaron en su momento la entidad propia como pueblo, con diferencias incontrovertibles del resto mundo. Nos falta por librar la cuarta independencia, la madre de las batallas, aquella esclavitud identificada en el mundo como dependencia económica. Subsistimos hoy porque hemos elegido el modelo económico basado en el sofisma de la deuda externa, un flujo financiero que nos garantiza el equilibrio económico con saldo cero en nuestra balanza de pagos, divisas que retornan a su punto de origen a través de las importaciones. Un pueblo importador neto forma parte del neocolonialismo de nuestra época, que ya no es de carácter territorial, no, ahora es de naturaleza financiera sustentada por la esclavitud del consumo. Platón, el filósofo por antonomasia de la historia universal, hace ya de esto dos mil trescientos años, fijó en las poblaciones sojuzgadas la esclavitud de los sentidos, convertidas en títeres de la amoralidad comercial, argumento que en el siglo dieciocho lo retoma el escoces Adam Smith para configurar el sustento teórico de la burguesía de la época, el archi-difundido liberalismo económico, el de Laissez faire, dejar hacer-dejar pasar, innovadora modalidad económica que consiste en el quehacer económico en función de los gustos, de los deseos de la gente que derivó en la creación perversa del fenómeno de la comunicación conocido con el calificativo de Mercado. Para la economía no existen naciones pobres sino dependientes, pues huelga decir que los pueblos pobres consumen como lo hacen las naciones desarrolladas, representan agregados humanos dispuestos a hacer lo que sea  para subsistir. En esa situación de incapacidad productiva sirven de caldo de cultivo para los capitales financieros de altos intereses y corto plazo.  Únicamente los modelos económicos basados en la actividad productiva pueden independizarnos de la esclavitud económica. Actuar de otra manera es hacerle el juego al marasmo del atraso. 

#375 LAS DIVISAS-PATRIA

Las divisas provenientes de los diversos tratados de libre comercio, esto es, los dólares del TLC, requieren de un tecnicismo económico para su comprensión. No se trata de un ingreso sino de una disponibilidad para el Estado. Mientras tanto, en ausencia de la exportación de los TLC no disponemos de más dólares en la economía. Es válido afirmar que se siente un vacío de esas “Divisas-Patria”, o dicho en forma abreviada, la moneda DP.
Aboguemos y promovamos la demanda de los fondos DP, la llamada “Divisas-Patria”. ¿En qué consisten? Es la moneda del TLC, la que producirían los empresarios nativos. De forma similar a lo que ocurre con las remesas de los dominicanos en el exterior, la moneda DP engloba los ingresos que decididamente “accesan”  al país, el approach sustentado en el sentimiento patriótico del empresario dominicano, la apología propugnada en la añoranza, donde se redimensiona permanentemente la nacionalidad de toda república. En consecuencia todos debemos abocarnos al apoyo de la producción de las “Divisas-Patria”, en una cruzada por la estabilidad de la economía dominicana y por la tranquilidad de las futuras generaciones.
La moneda DP es la divisa más barata, pues ingresan al país con el único condicionamiento de redimir a los pobres de la República Dominicana. En contraste, las divisas provenientes de la inversión extranjera resultan más caras debido al elevado condicionamiento sintetizado en el snob de la productividad, la cruda explotación cuando se desvela el forro que la encubre.
No quisiéramos referirnos ni por asomo a los créditos internacionales cuando encomiamos las “Divisas-Patria”, cuya sombra deleznable, el FMI, representa  injerencia en la economía.

Un ambiente de mayor disponibilidad de divisas en el entorno económico del país reduciría ostensiblemente la expectativa de endeudamiento, mermaría drásticamente el costo de la vida, y por ende nuestra moneda se apreciaría notablemente. 

#374 UN TIGRE CARIBEÑO, O UN NEW YORK CHIQUITO

Estamos tratando de desmitificar la industria del transporte, no aquella que está vigente, politizada y dañina, tendente a desaparecer por disfuncional. El tren –transporte de carga ferroviaria- a eso es a lo que me refiero, una vía ferroviaria simple, sin el tapujo inserto en el Metro dominicano, ni la rimbombancia de túneles y elevados citadinos, una red vial que enlace los cuatro puntos cardinales de la isla, resuelve el monopolio del transporte de carga, y reduce sustancialmente la intermediación, los valores agregados al precio por efecto del combustible, tanto en el uso como su distribución para el consumo a lo largo y ancho de la isla. Se trata, esta es la estrategia, de movilizar tanques y contenes en vez de furgones, ¿los rieles, el costo? La licitación a manera de inversión local nutriría insospechadamente la economía dominicana, similar a otras inversiones nativas pendientes, me refiero a la industria energética, fuente actual de oscurantismo, de intereses creados espurios, pero a la vez de inmensas posibilidades de inversión nacional en divisas, sería una necedad el no hacerlo.

De lo que se trata, consiste en una vía primaria de transporte ferroviario que alimentaría vías secundarias de corto alcance sujetas a planificación en relación a la logística operacional, englobado en un sólo sistema de distribución de mercancías de todo tipo y tonelaje. De inmediato, nos introduciríamos a una República dominicana del doble de la población actual, y por ende de mayor capacidad – me refiero al empleo- de producción. El impacto económico es de tal naturaleza que podríamos potenciar más de dos polos productivos con suficiencia económica en manufactura y comercio, tan o más fuertes que Santo Domingo y Santiago de los caballeros. Entonces, ¿qué pretendemos, un tigre caribeño –en alusión a la singular metáfora de los tigres asiáticos- o un Nueva York chiquito? Dos sueños distintos, el de la industrialización  dominicana por un lado, o el consumismo, el cáncer económico originado por la destructora deuda externa.

#373 EL PARAÍSO DEL CONSUMO

La reciente taxonomía, ciencia que jerarquiza los conocimientos, sobre los conglomerados humanos apunta a que los pueblos dependientes de la deuda externa caracterizados por el consumismo improductivo, se encuentran en el más bajo nivel de evolución social. No es un pueblo moderno, digamos avanzado, el que cuenta con tecnología de comunicación de punta. Eso, lo que nos dice es que tipificamos un mercado consumista, estéril. En buena lógica,  el valor de estos pueblos, por más pequeños que sean, es inestimable para las naciones industrializadas. Una cosa es consumir y otra producir. Las prioridades definen la evolución social. El agregado humano que produce, aquel pueblo orientado al desarrollo de la creatividad humana, no mide sus decisiones económicas a través del gusto y los deseos. Si se fijan en el entorno económico, la fruición es el parámetro que ha construido nuestra sociedad, la nefasta y perversa economía de Adam Smith, sintetizada en el imperio de los sentidos, el laissez faire expresada en la esclavitud de nuestra voluntad, movida como títere al vaivén de la insatisfacción permanente, inequidad expresada en la jerarquía de valores de Maslow. Este tipo de cultura económica no se inclina por la generación de ingresos que no sea el salario, la escala de ingreso del dependiente, en suma del pobre de espíritu. Con el cerebro lleno de valores traducidos en ropas de marca, casas suntuosas, yipetas, dinero a borbotones en los bolsillos, la ilusión permanente en los juegos de azar, indefectiblemente con la frustración a cuestas, la idiosincrasia brutal por lo que representa, el atraso social, de que el que trabaja es el pendejo, el tonto. Mientras nuestro esquema socioeconómico sea el actual, dependientes de la deuda externa como inequívoco algoritmo financiero, victimas impenitentes del consumismo, la isla se empobrecerá cada día más, seguiremos agitados por la nueva posición haitiana,  la de la sustitución de importaciones, que lejos de perjudicarnos, nos beneficia económicamente. 

#372 HAITI SE ESTÁ TRANSFORMANDO

Beneficioso o no, resulta que Haití bruscamente ha cambiado de actitud respecto a las relaciones comerciales que lo vincula directamente con la Republica Dominicana. No podemos afirmar si a corto plazo la balanza comercial ira  variar sustancialmente, empero la tendencia ha tomado otro rumbo. El resultado es aleccionador, la búsqueda sistemática de nuevos mercados es la salida oportuna, no hay duda, mercados hay a borbotones, sólo la necesidad de unos cuantos empresarios puede obnubilar este aserto.

Lo cierto es que algo está ocurriendo en Haití. De ser una economía despreciada por las estadísticas, considerado el pueblo más pobre del planeta, de pronto toma preeminencia, y con sorprendente desparpajo rechaza, sin ton ni son, las mercancías dominicanas. La hipótesis que sostenemos consiste en que ningún mercado por más pequeño que sea tipifica como marginal. Craso error, hoy en día presenciamos el lagrimeo irrefrenable de aquellos empresarios que conciben la relación comercial como un fenómeno inelástico, cuando es todo lo contrario. Hoy en día Haití es un centro económico de inversión extranjera, todo luce indicar que podría estar en un proceso de sustitución de importaciones, similar al modelo económico del gobierno de Balaguer de los setenta. No obstante, este modelo es un arma de doble filo, o se produce y no se importa, autarquía irreal, o se produce y se exportan divisas, cosa que está ocurriendo en Dominicana con la inversión extranjera y las empresas de zona franca. Esto último es un escenario económico incomprendido por las políticas económicas locales, particularmente por los políticos que están hace algún tiempo en el gobierno, quienes muestran el mareo del vaho de los ingresos en divisas por concepto de impuestos a la reconversión, otrora inversiones nacionales. No se dan cuenta que lo que recibieron en divisas se convertirá en repatriación de beneficios, pesos convertidos en dólares que se extraen de la economía dominicana. Aún se recuerda la opulencia de Haití del siglo dieciocho, periodo en que Santo Domingo se sumía en la pobreza. La tesis harto difundida de que Haití no existe como nación está hecha añicos.   

#371 A FALTA DE MERCADO

Conocemos bien lo que está ocurriendo con los huevos  que se producen en la isla. Pues, resulta que con la pérdida del mercado haitiano, lo lógico fuera que se desplomara su precio, pero no ha sido así. Qué ha ocurrido entonces. Existe la  sobreproducción de huevos, de eso no hay duda, éstos se consumen o se dañan, es corto el plazo de la alternativa en cuestión, sólo catorce días, después de dicho plazo nadie aguanta la hediondez del almacén de la granja en donde se ubica su inventario. Por otro lado el mercado de consumo dominicano no puede absorber la referida sobreproducción, está fuera de sus posibilidades de gastos. Sin embargo, ante el referido sobre-inventario, la gente no se explica el por qué del aumento del precio, cuando se esperaba todo lo contrario. Pues, el exceso en el precio sólo encuentra su justificación en el financiamiento de las pérdidas por parte de la población, un crédito sin retorno, lo que Marx identificó como la acumulación originaria, el pueblo sin saber por qué, prohíja las pérdidas del empresario pecuario, riesgo que éste sin ninguna duda tendría que asumir. Debo decirles que tampoco existe en la isla la industria derivada por que no hay actividad exportadora, la opción viable sería la deshidratación ante la coyuntura del exceso de producción que contrarrestaría el ciclo corto de consumo, sin sacrificio al magro, enjuto y flaco ingreso del pueblo isleño. Pero, no hay mentalidad ni actitud al comercio internacional, habiendo mercados inmensos para los derivados del huevo. Bueno, los hueveros, ni tontos ni perezosos, optaron por el financiamiento de sus pérdidas. No fue suficiente el aporte del gobierno en numerario, dación injustificable pues los dineros del fisco, que son del pueblo, no deben ser objeto de comercio, sino primordialmente de inversión social, que no la hay, por eso nuestra pobreza estructural a pesar de la cantaleta recurrente del crecimiento del PIB por parte del banco central. Los hueveros, a falta de mercado, le cargaron las pérdidas al pueblo isleño con el aumento del precio. El gobierno debe intervenir a favor de quienes lo sostienen, la ciudadanía, que no tiene por qué financiar pérdidas por la falta de visión y de orientación comercial.  

#370 UNA OREJITA AL GOBERNADOR

Señor gobernador, grano a grano se llena el buche. La protuberancia inesperada en la prima del dólar ya lo expresaba el Gabo en una de sus celebres obras, La crónica de una muerte anunciada. Pues bien, observamos consternados la reacción de nuestra economía a los cambios bruscos en el orden financiero, me refiero a la sobrevaloración del dólar, la moneda más comercial pero menos apreciada que el peso. Pero cuáles motivos provocaron esta alteración inesperada de la convertibilidad de nuestra moneda, se cuestionaba inquieto el gobernador. Debo decirle que el origen de tal espasmo tiene su explicación en el mayor número de usuarios de divisas de la isla, un proceso perverso de inducción que viene de tiempo atrás, justificado en este pueblo, la isla, que no genera divisas porque no cuenta con industria de exportación. Tome en cuenta gobernador el engrosamiento sistemático de la inversión extranjera, presencia que comercializa en pesos, pues tiene en el pueblo isleño un nicho de mercado, que es distinto a lo que es un segmento de mercado, cuyos beneficios generados en moneda local, convierten sin ningún pudor, dólares que toman un avión y se instalan en otras economías. Otra, la cuota de producción de las empresas de zona franca que se comercializa en pesos en el mercado de consumo local. Le recuerdo que el flujo financiero de las empresas de puerto libre lo componen las divisas. Los pesos no participan como moneda corriente. Pero, entonces qué ocurre con los pesos fruto de la venta de su cuota de producción en el mercado isleño, pues lo convierten en dólares, succionando las pocas divisas que circulan en nuestra economía, acción que se reduce a una simple exportación. La diferencia del caso de la inversión extranjera con esta modalidad  tipificada como un negocio de capa perro, consiste en el origen de la transacción, pues aquella es de beneficios, y ésta es de ingresos por ventas, lo que desproporciona enormemente las divisas repatriadas.

#369 EL PAÍS QUE HEMOS CONSTRUIDO

Me pregunto si es viable otro tipo de economía en nuestra isla. Debo decir que si aspiramos a cambios en nuestro modo de subsistencia, primero debe cambiar la gente, ésta que hace de la economía una entidad viva, no sólo el ciudadano común sino los empresarios, políticos y religiosos, una reforma humana, eso es, tanto en la manera de pensar como de actuar. Si no veamos, echemos un vistazo a nuestro entorno. El malestar generalizado es evidente. Lo que brota de inmediato al escuchar son afirmaciones de cosas tan lejos de lo que es la práctica común. El distanciamiento entre lo que se dice y lo que se hace está diseminado por la isla. La incoherencia es descomunal, marca el compás de una economía difusa, imprecisa, borrosa, poco clara. Así, las expectativas que alguna vez fueron halagüeñas de pronto se tornan en frustraciones. Pero eso no es todo, pues existe lo otro, la preeminencia de los intereses particulares, que abundan sí, revestidos de interés común, un tigueraje de saco y corbata que mina ostensiblemente la convivencia isleña reduciéndola en arisca y en nada amigable. En cuanto a los ingresos, la pretensión generalizada a ser asalariados dura poco, lo suficiente para que se manifieste la mezquindad del empresario, cuya cultura de inversión es prácticamente inexistente, asignando salarios de miseria a cuanto empleado pase por sus manos. Existe la creencia difundida que es un logro el menosprecio a la energía humana no renovable. La pregunta persiste, si bajo estas condiciones es viable otro tipo de economía en la isla. Concluyo, si las condiciones fuesen otras, no me cabe la menor duda. El cambio a otra economía depende en gran medida de su gente, sin distinción de razas, credos, preferencias políticas, clases sociales, edades, en fin, la compleja diversidad  que compone la República Dominicana. 

#368 EL CAPITALISMO DE LEONEL

Ningún país industrializado que no se favorezca del comercio suspende las ayudas, colaboración o asistencia a un país importador, que bien podría llamarse cliente, todo lo contrario, las refuerza si persiste el interés comercial. El resto, las coyunturas de negocios, es cuestión de competencia. Actuar con la emotividad nacionalista es un chauvinismo mal orientado, idiosincrasia malsana de quienes no comprenden las fuerzas del mercado que mueven el capitalismo. ¿Mala palabra? Sin ninguna duda expreso que es la doctrina económica que rige el planeta, nos guste o no. En caso contrario sería nadar contra la corriente, cuando la prudencia apunta, si podemos, al provecho de las diversas coyunturas económicas, en beneficio de la subsistencia que nos ha tocado vivir. Cuando observamos la contribución a la educación superior a través de la donación de una universidad, o las ayudas en medicina, seguido de la inversión en construcción de viviendas para las clases desposeídas, o la exportación de empleo, traducida en  presencia permanente de la diáspora haitiana en el lado nuestro de la isla, es de sentido común afirmar que exista un mar de confusiones en la ciudadanía haitiana. Pienso, no sin preocupación, que se conciba la veda haitiana como una situación definitiva, el comercio no funciona así. Esperemos que desarrollen su oferta interna agropecuaria. Como productos perecederos la regularidad de la producción está sujeta a la eventualidad. Cuando la oportunidad aparezca  se restablecerá el comercio nuevamente. Dejemos que funcione el capitalismo de Leonel, no nos desesperemos adoptando medidas innecesarias de corte paternalista, me refiero a la compensación sin visos de retorno, a polleros y hueveros por riesgos propios del comercio. Por Dios, hasta dónde se va estiricar el peso fiscal de nuestro pueblo.